lunes, 21 de noviembre de 2011

Alas de fuego

Grabar un disco es una aventura. Algunas veces tensa y difícil, otras maravillosa, pero siempre es un proceso laborioso y lento. Eso depende, claro está, de cómo se lo tome uno y de hasta dónde esté dispuesto a llegar con las canciones. Con el disco de MG hemos intentado que todo tenga una razón, que nada sea gratuito pero sin resultar pretencioso. No vamos a cambiar el mundo, generalmente es el mundo el que nos cambia a nosotros, pero sí podemos poner nuestro granito de arena para que la vida no nos devore más de la cuenta. Se puede hacer de muchas maneras, nosotros lo intentamos con estas canciones.
Por eso, el último tema del disco, que se llama “Alas de fuego”, es un “gracias”. Gracias a todos los que de alguna manera han colaborado para que nosotros podamos dedicar un ratito a este oficio de afinar la guitarra para encontrar cierta armonía vital.

En el deseo de compartir esa sensación, se me ocurrió que mis compañeros del retiro de yoga del verano pasado serían los únicos que podrían entender ese “gracias”, porque con ese agradecimiento se corre el riesgo de caer en cierto “síndrome folclórica” (grassssías, mi querido público) y ser malinterpretado.
Así que cuando tuvimos a los chicos en el estudio, sentados de piernas cruzadas y cantando al unísono ese Hare Om con el que acaba la canción, fuimos felices y sentimos durante un par de horas que si llevamos dando vueltas por esos escenarios de Dios desde hace 20 años, es por momentos como éste.

Se nos olvidó que teníamos que comer, cenamos frugalmente y estuvimos mezclando la canción hasta las dos de la mañana. Una fuerte tormenta se dejaba oír tras la ventana del estudio y tanto MG como yo asentíamos cuando llegaba la parte de los coros a un volumen poco saludable para nuestros oídos.

Después, volviendo a casa por la autopista, seguía sonando la canción aunque la radio estuviera apagada y sólo el ruido del motor escribía el diario de estos últimos cuatro días encerrados en el estudio.
Al día siguiente, con la resaca del trabajo, seguíamos recordando la sesión del día anterior. Le quedó a uno cierta sensación de que no pudo atender como se merecían a los invitados, cuando eran tantos y tan generosos con su voces y su tiempo. Por eso, es necesario desde aquí devolverles una parte –siempre insuficiente- de esa energía con este gracias de papel. Gracias Jordana, David y Kay, Sarah, Sandra, Maica, Nùria, Marta, David, Grazyna y Antonio. Sin vosotros este disco no sonaría con tanto corazón.