miércoles, 30 de noviembre de 2011

Carreteras

Ayer, bajé a la capital para hacer un par de gestiones musicales. Usé la moto en vez del coche, por aquello de no tener que pagar un aparcamiento y ahorrarme las colas y los atascos.
Me fijé en la cantidad de conductores que siguen hablando por el móvil mientras conducen y uno, de pronto, se ve el más frágil de la carretera y se sorprende tomando distancia con uno de ellos que iba haciendo eses de un carril a otro.
Después nos lamentaremos de los accidentes. Por qué será que a la gente le toca tanto las narices que les digan lo que tienen que hacer aunque sea por su bien. Recuerdo aquellas palabras de Aznar, con aquella sonrisa en la boca “no me diga usted a que velocidad tengo que ir, no me diga lo que tengo que beber…” Y este sujeto estará siempre detrás del año Mariano… tiemblo…