miércoles, 2 de noviembre de 2011

Con orden y concierto

Se entrega uno a la ordenación de un archivo que ha venido haciendo desde su infancia. Recortes, revistas, fotografías, etc, etc, de cientos de artistas. Y, aunque es un trabajo de horas, no me arrepiento de haber ido cargando con semejante material en todos mis traslados desde 1985, más o menos.

Ahora me sirve todo eso de material de consulta para escribir. En el archivo de Miguel Ríos, por ejemplo, tengo las entradas de “El rock de una noche de verano” que mucha gente confunde con el “Rock and Ríos”, material promocional, como una cinta del pelo que compré en el concierto y que está a punto de desintegrarse, pero que he conservado cuidadosamente envuelta en una bolsita de plástico, como la de los muchachos de CSI. Hasta un par de vasos en los que servían las bebidas en aquella ocasión, con el anagrama del concierto, permanecen en mis vitrinas de reliquias del pasado.

De El Último de la Fila, no sólo conservo las cintas de casete que me compré de aquellas actuaciones en Studio 54, la Casa de Campo de Madrid teloneando a James Brown, El Sot del Mitgdia o la primera vez que pisaron La Monumental, sino toda una suerte de entrevistas, recortes de prensa y entradas que ocupan archivadores de más de cien páginas.

Y así le roba uno horas al sueño, recortando, pegando y archivando. A veces, claro está, se pregunta uno para qué, pero después, cuando toca escribir sobre alguno de estos artistas, se siente orgulloso de su maniática obsesión por el orden…