jueves, 3 de noviembre de 2011

El mudo

El hombre debía ser mudo… o idiota. Estaba leyendo el periódico en la sala de espera. Su mujer entró acompañada de otra. -¿Nos vamos ya? – le dijo.
El hombre no contestó. Ni siquiera levantó la vista de las páginas. Las dos señoras se sentaron y se dispusieron a esperar. Ni tan sólo se quitaron los abrigos.
Después de un rato, unos diez minutos más o menos, la mujer volvió a preguntar.
-¿Bueno, qué? Vamos a perder el autobús.
El hombre siguió con la lectura sin contestar. Las mujeres se pusieron a hablar entre ellas. De pronto, el tipo cerró el periódico, se levantó y, sin mediar palabra, se encaminó rápidamente a la salida. Las dos mujeres se callaron y lo siguieron mansamente antes de que el ascensor cerrara las puertas.
Fuera, tras las ventanas, el edificio monstruoso del hospital guardó silencio. Ya era de noche y yo me quedé allí solo, en silencio.