martes, 6 de diciembre de 2011

Día especial


No es habitual en uno quedarse en la cama hasta tarde. Bueno, las 10 de la mañana tampoco es una hora demasiado imprudente. Y no es que ayer hicieramos nada que no se pueda contar. Salimos a cenar para romper la rutina, ya que uno cumplía años, pero enseguida volvimos al nido y vimos acabar “El convidat” con Georges Moustaki, tan mayor, tan sombra de si mismo. La edad, la enfermedad… y uno no pudo por menos que pensar en todo ello justo en el momento en que daban las doce y pasaba el momento de asumir un número más en el DNI.

Cumplir años tiene eso, que andas por la calle y parece que la gente te mira de otra manera. Pero ellos no saben que es ese día en que te ha salido una arruga más. Pero tú te sientes diferente con esos cinco minutos de popularidad en tu casa. Suena el teléfono, dices gracias y te sientes querido aunque también tengas de no querer saber nada del tema. Es sólo una manera más de llamar la atención.

Yo lo pasé en el estudio con A. hablando de la vida y sus circunstancias, improvisando un blues con las guitarras y buscando casetes antiguas para que se llevara, ya que se ha comprado un coche antiguo que no lleva cd.

Por la noche, con M. salimos a cenar y volvimos paseando bajo una lluvia que era también un regalo. No llovió antes ni después, sólo en ese momento. Un buen día con el mejor regalo. Esa M. mayúscula, que está ahí cada día.