martes, 27 de diciembre de 2011

Música


La música no es sólo música. Es sentir unas canciones, hacerlas tuyas aunque las haya escrito otro a miles y miles de kilómetros. Es encontrar un alma gemela en la más remota lejanía. La música la puede entender todo el mundo que no entienda de música. Pero otros la entendemos porque es una parte de nosotros mismos. La odiamos como música de fondo porque no podemos prestarle atención; o nos roba la atención poniéndonos en un aprieto. Y no se sabe qué es, pero es música y ya está. Quien ha querido definirla ha fracasado y quien improvisó unos acordes sentó unas bases sin quererlo. La música es un escalofrío, es mover el pie a ritmo nervioso, incluso cuando estamos en silencio. Es un recuerdo de la primera vez, de la última vez. La banda sonora, el dramatismo de una escena que, sin música, sería un plano estático. Y es un negocio y es la antítesis del dinero, y es arte y es plástico, y es alimento y es basura. Es algo que se propaga irremediablemente, como decía el viejo Zimmerman: “Había música en los cafés y la revolución estaba en el aire”.