lunes, 2 de enero de 2012

Doce


A las doce de la noche los pasillos del hospital se quedaron en silencio, algo raro, acotumbrados como estanos al follón de las enfermeras entrando y saliendo. Y, aunque sólo duro esos escasos segundos en los que parece que el mundo se detiene como para tomar aliento y seguir adelante, fue una sensación maravillosa ver que estábamos comiendo las uvas los mismos que éramos el año pasado.
Ha pasado uno muchos fines de año solo. Con unas uvas de lata y una cerveza, por aquello de no descorchar una botella de cava, brindar con las sombras y tirar el resto…
Pero este año ha sido, sin duda, algo que recordaré siempre por el esfuerzo y la superación que he visto en la familia. No importa la circunstancia, lo importante es quien está. Y estábamos todos. Sólo por eso ha sio una magnífica entrada de año.