martes, 31 de enero de 2012

El más listo de los tontos


El tipo estaba saltando la reja de la estación. Como hay que picar el billete, tanto para entrar como para salir, estaba claro que se había colado.
Uno estaba parado con el coche en el semáforo, justo delante, y estaba mirando el atlético salto de aquel sujeto. La verdad es que lo miraba sin mirar, distraído con alguna cosa que sonaba en la radio. Pero él no lo interpretó así y se me encaró como preguntando que si me pasaba algo. Por un momento no sabía uno qué estaba pasando, ni si se refería a mi. Pero resultó que aquel tipo, más listo que los demás, porque no suelta un euro en el tren, mientras que todos los demás que sí lo hacen le pagan sus viajes, tenía la cara dura de buscar pelea.
El semáforo cambió y yo seguí mi ruta tranquilamente sin hacerle mucho caso. Con un poco de mal cuerpo, claro, un imbécil puede amargarte el día sin que tú te enteres y provocar un altercado sin sentido.
El mundo está lleno de tontos que hacen la revolución fastidiando al prójimo y no a los de arriba, que tanto desprecian. Pero es ley humana mirarse el ombligo. A lo mejor un día descubren que no es tan redondo como ellos pensaban.