martes, 3 de enero de 2012

Una de cuarto… mejor, no


Fuimos a comprar pan para hacer un bocadillo. La panadería estaba en el barrio alto de la ciudad. Era también cafetería, así que nos sentamos a tomar un café. Tardaron tanto en atendernos que, al final, tuvo uno que ir a pedir un par de cortados a la barra. La mujer que despachaba el pan parecía que se estaba pegando con las barras. Las apretaba con los dedos –los mismos con los que luego te daba el cambio- las tiraba de un lado a otro del mostrador… así que, aunque el pan tenía buen aspecto, decidimos que no compraríamos. Además, a la hora de pagar, estiró el brazo para darme el cambio, pero sin mirarme, con lo que andaba uno poniéndo la mano bajo la suya y moviéndose como una grúa viendo que las monedas estaba a punto de precipitarse por el suelo… Al salir pensamos que era una pena, un sitio que parecía estar bien y al que no volveríamos por la mala atención de una empleada.