miércoles, 25 de enero de 2012

Vándalismo casero


Hay algo de perverso en perforar la pared, imaginando que fuera uno a salir atravesando el ladrillo en casa del vecino. Como en un video de Motörhead, aquel en el que Lemmy irrumpe en una habitación con una moto destrozando piedra y cemento.
El caso es que, fuera de toda perversión, también siente uno cierta contrariedad al hacer semejante ruido. En el piso de arriba hay un recién nacido que no tiene la culpa de los estruendos de la vida. Tendrá que acostumbrarse, claro, como me he acostumbrado yo a las obras constantes de otro vecino, que lleva arreglando la concina desde hace dos años. Si un día nos invita a ver lo que está haciendo, seguro que encontramos las caras talladas en mármol de todos sus familiares.
De momento, mi pequeña contribución al jaleo universal son tres colgadores y un soporte para colgar la escalera, que andaba dando tumbos por la casa sin encontrar su lugar.