miércoles, 1 de febrero de 2012

El plátano, ese desconocido



-¿Los plátanos no están muy verdes? – le pregunté al dependiente del puesto del mercado.
-Los plátanos están como están y tú te los comes cuando quieras –me contestó.
Fue una respuesta concisa, enigmática. Hasta un tiempo después no me di cuenta de que no me había dicho absolutamente nada y parecía que me lo había dicho todo. Y uno entonces miró el racimo de plátanos dentro del carrito, que ni estaban verdes, ni estaban maduros, simplemente estaban como estaban, y no sabía muy bien qué pensar.
De pronto apareció un tipo por la esquina de la calle y me preguntó la hora. Le contesté que no llevaba reloj, que había salido rápido de casa y me lo había olvidado, que lo sentía. Y él me miró como diciendo que todas aquellas explicaciones no servían para nada. Y entonces pensé, da igual, marquen lo que marquen las agujas, usted llegará a la misma hora. Y me comí un plátano.