viernes, 24 de febrero de 2012

Horror en el ultramarinos


En el mercado la gente se pelea por una cebolla, por unos espárragos, por un plátano más maduro que otro…
Si una cosa nímia como ésa es capaz de generar un conflicto urbano, cómo vamos a conseguir que el mundo esté tranquilo y en paz. Cierto, siempre sale algún mediador en el puesto de las hortalizas. Ese que viene a comprar sin prisa e intercede entre los dos combatientes del tomate de mejor color. Es un personaje que, sin embargo, aún causa más rechazo. Una especie de hippy con una zanahoria en la oreja, a modo de carpitero con su lápiz. Al final, lo que consigue es que ambos contrincantes se enfrenten a él y le pregunten quién le ha dado vela en este entierro.

Y uno, mientras espera que le toque el turno observa como se le cuela la señora que tiene delante esgrimiendo una ristra de ajos. -Oiga, a cuánto están los ajos… cóbreme que sólo llevo esto.
-Aquí estamos todos esperando –le digo yo, que estoy justo detrás.
-No, pero yo llevo sólo esto.
-Ya, y yo sólo esto otro –le contesto mostrando una bolsa con un puñado de judias verdes.
-No hay que tener tanta prisa
–interviene un señor de unos sesenta años que surge de la nada.
Y uno, entonces, siente unos deseos irrefrenables de atizarle con una lechuga.