martes, 14 de febrero de 2012

La brújula (2)


Aún no he ido a ver el mar. Algo que solucionaré mañana sin falta. Tampoco he ido a la tienda de discos ni a las librerías de obligada visita. Algo inusual que evidencia que uno está aquí por trabajo y que los achaques económicos llaman a la prudencia.
Pasea uno arriba y abajo por las calles de una infancia que ya es sólo un recuerdo nebuloso. Las caras que uno recordaba de otros tiempos, los nombres de algún rostro familiar, se han ido perdiendo tras cada visita. A los teléfonos de la agenda se les han añadido cifras, se les han caído otras, hasta hacer de ellos unos códigos numéricos tan inútiles como una combinación fallida de la lotería.
De todas maneras, siempre confía uno en encontrar a aquel amigo olvidado, a aquella persona a la que poder llamar cuando uno está de visita. Pero parece ésta una ciudad desconocida que resulta familiar tan sólo en alguna esquina. Una colección de edificios salidos de un “déjà vu” que forma parte de mi propia biografía.