miércoles, 15 de febrero de 2012

La brújula (3)


Paraguas en mano, como la espada del esgrimista. A veces cerrado, la mayoría del tiempo abierto luchando contra el viento y la lluvia.
Cena en el Dindurra, donde con cada nueva visita encuentro menos visos de aquel viejo café. ¿Una televisión de plasma? ¿Hilo músical? Parece una broma de mal gusto. Conserva el establecimiento, eso sí, las sillas y las mesas del principio. Madera crujiente y mesas que cojean con la edad. El frío se cuela por las ventanas y el “bocadillo especial”, que antes fue un descubrimiento, ahora se está volviendo rutinario. El camarero tampoco es “el de siempre” que, aunque anda por ahí, acaba ya su turno. Al joven que nos atiende le faltan maneras, educación y trato con el cliente. Tal vez haya llegado el momento de buscar otro rincón donde poder tomar una cena rápida. Pasa en la vida constantemente, todo se mueve y las tradiciones absurdas que uno se fabrica, también se vuelven incómodas a veces. De todas maneras, la compañía de M., que es lo que importa en este caso, hace que el escenario sea algo secundario.