jueves, 16 de febrero de 2012

La brújula (4)


Por fin el mar. Olas que golpean el muro. La marea que sube por momentos devorando la arena hasta hacerla desparecer. Poco tiempo para disfrutarlo. El viento sopla con tanta fuerza que es difícil permanecer quieto unos instantes sin sentir un frío que se cuela por cualquier herida de la ropa de abrigo. Respirar el aire del norte es tan gratificante como peligroso para la garganta y los pulmones. Se pierde uno por las calles adyacentes buscando, por fin, esos discos objeto de deseo. Siempre hay alguna novedad, como esa banda sonora de “Superman II” con la “S” del héroe impresa en láser sobre el vinilo. Una joya de colección para observar de vez en cuando y mostrar a las amistades para que lo califiquen a uno de ser un poquito más freak todavía.
La familia, las comidas y, sobre todo, las clases intensivas de programación, han ocupado estos días. Sucede que la última jornada, cuando las tiendas empiezan a echar el cierre, siempre le queda a uno la sensación de que no ha aprovechado bien el tiempo, de que algo se acaba, como si cada vez que uno se va, deja una parte de su juventud en estas calles por las que sopla el feroz viento del olvido.