miércoles, 4 de abril de 2012

Compre, compre…


Que alguien venga a visitar la casa con intención de comprarla no deja de ser algo extraño. Les enseñas los baños, la cocina y las habitaciones donde has vivido tantas cosas. Es como desnudarse un poco delante de alguien a quién no conoces de nada. De pronto te dicen “pues no me interesa” o “piden demasiado ¿podemos negociar?” y el sentimiento entonces es de “por favor váyanse”. En el primer caso porque después de un rato largo enseñándolo todo, es como si se menospreciaran las viviencias que encierran estas cuatro paredes. En el segundo, porque parece que en tiempos de crisis se puede apretar al vendedor al máximo y nosotros, que ya hemos bajado el precio a una cifra mucho más que razonable, nos sentimos un poco insultados. Sea como fuere, vender una casa no deja de ser un negocio, sentimentalismos aparte. Cuando esté vendida poco nos acordaremos de ella, haremos nuestra vida en otra parte y empezaremos una nueva etapa.