lunes, 16 de abril de 2012

De boda


No tiene uno simpatía por los acontecimientos multitudinarios. Hasta ha dejado de ir a conciertos –que supone la gente que deben ser un paraíso para mí, que amo la música por encima de todas las cosas- por no aguantar a los pesaditos de turno. Pero no podía dejar de ir a la boda de mi prima, aunque fuera en un viaje relámpago de dos mil kilómetros en tres días.
No hay que ser mal pensados, no es que tuviera miedo de que la novia se escapara corriendo, o que tuviera que estar al loro por si el novio no se presentaba. Nada de eso, sentía de verdad una gran alegría por L.
Fue una ceremonia en la que acabó uno emocionado y hasta derramó una lagrimilla en secreto porque sabía todo lo que significaba para ella.
Ya de vuelta y viendo las fotografías del feliz acontecimiento, reconocía uno a la familia tan lejana en la distancia y, sin embargo, tan cercana en espíritu. Qué cosas…