jueves, 5 de abril de 2012

Mil pesestas


Revolviendo entre trastos viejos encontré un billete de mil pesetas. Supongo que lo escondí en su momento para alguna ocasión especial o pensando que me haría mucha ilusión encontrarlo un día por casualidad e irme corriendo a la tienda de discos o a la librería. Pero seguro que no imaginaba uno que, cuando apareciera, la peseta sería una cosa de la prehistoria, inservible y caduca.
El caso es que ahí estaba, arrugado y en el fondo de un cajón. Y ahí sigue hoy, debajo del transistor para que pierda las arrugas aunque, por mucho que rejuvenezca, no vuelva a tener valor.