lunes, 2 de abril de 2012

Notaría


Ir al notario es toda una experiencia. Es como si supieras que el dinero pasa de mano en mano con una velocidad fugaz. Cada papel cursado, cada gestión -por pequeña que sea- representa un buen pico.
A mi el oficio de notario me sigue sonando a aquellas películas de José Luis López Vázquez. Aquellas que sucedían en una ciudad de provincias donde un notario de medio pelo era la figura más importante del pueblo y todos le reverenciaban.
Uno no deja de pensar en qué hubiera pasado si, en vez de dedicarse uno a estas cosas de los libros y las guitarras hubiera tenido un poco de cabeza para estudiar notarías… eso digo yo, qué “notarías” en tu cuerpo cuando miraras la cuenta corriente y los ceros se saldrían del extracto.
En fin, perdón por la dósis de avaricia… uno es débil, pero se le pasó el “ataque tío Gilito” dos calles más allá de la oficina, cuando un escaparate con el último disco de Springsteen me llamó la atención. Pensé que él no era notario, pero es el tercero o el cuarto más rico del mundo. Como decía siempre mi abuela cuando se sorprendía a así misma: “¡fíjate si una hubiera estudiado!”