lunes, 23 de abril de 2012

Ring, ring, ring


Cambiar de teléfono puede ser la cosa más sencilla del mundo. Por lo menos así lo venden las compañías. Después, una vez llega uno a la tienda, la cosa es harina de otro costal. Que si la tarifa cual, que si internet, que si el teléfono inteligente… al final uno acaba preguntando si, además de hacer todas esas cosas maravillosas, puede uno hacer una llamada normal y corriente con el dichoso cacharro.
En la tienda de móviles había una pareja con un bebé. La criatura dormía plácidamente en su cochecito mientras sus padres se peleaban por el último modelo de teléfono. La cola se iba haciendo cada vez más larga porque, además, eso también sucede, suele haber dos personas en la tienda que son incapaces de atender a todos los que pretenden hacer alguna gestión.
Al final uno optó por volverse a casa y otro día será… el chico que debía atenderme estaba ese día en el médico. Mala suerte.