martes, 17 de abril de 2012

Semanica Santa (1)


La carretera se ha convertido en una vieja conocida. Si hace unos días recorrimos dos mil kilómetros para ir de boda, esta vez nos fuimos a Zaragoza a casa de I y Q. Hacía un año exactamente que habíamos estado allí y, aunque siempre hablamos de volver a vernos, por una cosa o por otra, siempre acabábamos posponiendo el viaje unos y otros.
Y es una lástima, por que si estuviéramos más cerca podríamos compartir más cosas a pie de calle. Pero no hay que lamentarse por lo que no se tiene y sí agradecer lo que tenemos. Y la amistad que nos une no entiende de kilómetros y otras menudencias.
 I y Q. tienen una nueva casa. Es espectacular. En las afueras, con jardín para los niños y una piscina que aun está vacía esperando el verano. Un oásis de tranquilidad frente a una Zaragoza que se ilumina amenazante en la lejanía. Desde la terraza vemos las torres del Pilar saludando a los aviones que vienen y van por el cielo.