lunes, 14 de mayo de 2012

The Cove


Todavía estoy impresionado por el documetal «The Cove» que se pudo ver en TV3 el miércoles por la noche. Premio al mejor documental en el Festival de Sundance, hay que verlo como una prueba más de que la crueldad humana no tiene límites. Ric O’Barry fue quien entrenó a Flipper, el delfín, en aquellas películas para todos los públicos. Cuando Flipper murió —el relato del suicidio del animal es escalofriante— O’Barry se dio cuenta del sufrimiento de los delfines en cautividad. Desde entonces se ha dedicado a la lucha para que desaparezcan los famosos delfinarios de los zoológicos y liberar a todos los delfines cautivos. Pero cuando descubre que en Taiji, un pequeño pueblo japonés, cada mes de septiembre se hace una matanza salvaje de delfines, la cosa adquiere tintes dramáticos. El motivo es conseguir la carne de estos animales para venderla después como si fuera carne de ballena. Altamente tóxico, el delfín está por encima de la línea evolutiva de otros peces, es decir, que se come a los que están por debajo de él. El nivel de mercurio tolerable en otras especies se vuelve muy alto en el delfín que se alimenta de ellos. Así, el consumo masivo de esta carne es dañina y puede provocar daños irreparables en el cuerpo humano. El gobierno tolera esta comercialización encubierta y facilita esta carne a los comedores escolares donde, gracias a la férrera disciplina japonesa, es obligatorio comer en el colegio. Por supuesto, por una cuestión política, se niega cualquier matanza de delfines. Pero O’Barry y sus colaboradores, un equipo de efectos especiales, nadadores especializados en inmersión a pulmón libre, fotografos curtidos en mil batallas… logra colocar cámaras en el lugar. El resultado no es apto para públicos sensibles, pero es una realidad necesaria para detener semejante exterminio.