miércoles, 16 de mayo de 2012

El tiempo de Amela


Está mañana decía el periodista Víctor Amela que él había leído de los 15 a los 20 años. Después ya no tuvo tiempo. Y aunque suene a boutade, algo de verdad hay en lo que dice. Cuando uno era (más) joven y no tenía que trabajar, ni hacer discos, ni artículos, ni andar metido en mil historias, cada día tenía un par o tres de horas para dedicarle a un libro. 
Hoy tiene uno que buscar huecos robados al sueño para encontrar diez minutos huérfanos en los que hilvanar un par de capítulos. Pero habría que consolar a Amela y consolarse uno también: aún nos queda la jubilación, para volver a tener todo ese tiempo y volver a viejar en barcos de papel. Será dentro de un tiempo… pero los años pasan volando.