jueves, 17 de mayo de 2012

Es una pena


Es una lástima, sí, una verdadera lástima que ahora que empieza a hacer un poquito de calor no pueda abrir la ventana del despacho donde escribo, porque el vecino, que lleva haciendo reformas desde hace dos años en el piso de arriba, no pueda parar de dar un martillazo, hacer un agujero en la pared o, como ahora, someter a todos los vecinos al agradable sonido chirriante de una cortadora de azulejos durante horas. Uno piensa que no se debe odiar a nadie, que todos tenemos nuestros derechos, pero eso es difícil cuando los tuyos son pisoteados constantemente con el ruido, que es una agresión en toda regla. Yo podría enchufar la guitarra eléctrica y saltarle los tímpanos a este tonto, solo tengo que poner el volumen del Marshall al 11 y se acabó. O subir el equipo de música, me sobran vátios… pero no lo voy a hacer, claro está. En cambio me compraré unos taponcitos de cera para las oídos. Aunque si seguimos temblando sobre los cimientos tal vez debería ponérselos al causante en otro sitio, ¡carajo!