jueves, 31 de mayo de 2012

Se acabó...


Pues sí, se acabó mayo. Pasan los días más rápido que Fernando Alonsín por la carretera. Así llamaba al piloto la dependienta de la tienda de comidas preparadas. Como era asturiana como yo, creyó encontrar ahí un vínculo de amistad. Me enseñaba un calendario con la imagen de la Virgen de Covadonga, que tenía colgado en la pared, y me preguntaba con cierta angustia si Alonsín ganaría el campeonato de ese fin de semana. Y uno, por no decepcionarla, miraba con emoción la imagen divina y aventuraba los mejores resultados para nuestro compatriota piloto. Después dejé de ir a la tienda. No por nada, la mujer siempre me ponía ración doble, me decía que estaba muy delgadín y que tenía que comer más. Al final le salía a uno la ensaladilla rusa por las orejas. Todavía hoy le deseo lo mejor a Alonsín, por la señora más que nada, porque a mi las competiciones de coches y motos nunca me han interesado lo más mínimo. Pero me la imagino dentro de una tarta de ensaladilla, embadurnándose de mayonesa, y celebrando los triunfos de nuestro paisano en orgiástica fiesta con su marido, un señor con cara de tristeza infinita que siempre sudaba dándole vueltas al pollo empalado de la cocina.