martes, 15 de mayo de 2012

Un cafetito para subir la tensión


Será la primavera, pero lleva uno arrastrándose desde hace unos días. Un cansancio que hace que cualquier cosa, la mínima labor diaria, me cueste el doble. Así que, el sábado por la mañana, después de ir a comprar al mercado, me senté en la terraza de un bar a tomar un café con hielo, a ver si se me subía  la tensión. Lamentablemente no pude evitar oír una tremenda bronca que una mujer estaba teniendo con su pareja por el móvil. El caso es que uno se preguntaba por qué la gente ha perdido la vergüenza de airear los trapos sucios en plena calle y a gritos… debe ser el influjo de la televisión y todos esos programas donde la miseria humana se convierte en un espectáculo denigrante. La mujer y el hombre habían entrado en un bucle. Las respuestas de ella eran siempre las mismas. Y uno se hacía eco de aquellas frases con la sensación de que ya las había vivido y que la cosa no iría más allá. Daban ganas de acercarse y decirle, “mira, eso ya está más que finiquitado, como mucho os arreglaréis para el polvete de esta noche de sábado, pero luego será lo mismo, así que lo mejor es evitarse tanto sufrimiento y dejarlo correr”. Pero, después, pensaba que quién era uno para dar consejos a nadie, que la experiencia que uno haya vivido no es la de los demás y que cada cinco minutos, a lo largo y ancho del mundo, hay parejas diciéndose hola y adiós. Yo sólo quería un café para dejar de flotar en el océano de la tensión por los suelos.