martes, 5 de junio de 2012

Aventuras domésticas


Fui temprano al súper para ahorrarme las aglomeraciones de gente. Los sábados se pone hasta arriba. No me sorprendió que, llegando cinco minutos antes ya hubiera cola. Es un recinto monstruoso, lleno de tiendas, de bares… Y allí estábamos media docena, esperando que las puertas automáticas se abrieran como por arte de magia y pasar corriendo para ser los primeros. Era como una carrera de carros vacíos, como si por llegar antes nos regalaran la compra. Se me coló un anciano al que sólo le faltaba un látigo para emular a Ben-Hur en la cuádriga. Lo dejé pasar cortesmente. Otros, que habían preferido coger el carro a la entrada del súper, se colaban entre los que lo habíamos hecho antes. 
El caso es que acabé la compra en pocos minutos. Cuando ya estaba pagando, la chica de la caja, me dijo: ves que bien, el primero, en diez minutos te tendrías que esperar en una cola enorme. Me habían dado el primer ticket de caja del día. Me olvidé de preguntarle si no había premio, no sé, algo tipo el comprador un millón…