lunes, 25 de junio de 2012

El campeón del mundo


Por mucho calor que haga a las tres de la tarde, el niño siempre baja a darle unas pataditas al balón. Equipado con su camiseta del Barça, hace rebotar la pelota contra una pared de chapa. Y uno, que intenta dormitar un poco, después del madrugón de cada mañana, no se da cuenta hasta pasado un tiempo que no puede descansar porque hay un ruido no identificado. Un rato después, cuando el incansable émulo de Messi levanta los brazos como si hubiera marcado un gol, a uno ya le dan ganas de darle una medalla para que se retire a los vestuarios y deje de dar la chapa, nunca mejor dicho. Pero no hay caso. A las ocho de la tarde vuelve, él solo, a jugar otro campeonato.