miércoles, 25 de julio de 2012

De pueblo


Bajamos M. y yo a Barcelona con la moto. Entre coches, semáforos, gente con prisa y una polución salvaje, nos sentimos como de pueblo. Una sensación magnífica de vivir alejados de la gran urbe, como si hubiéramos bajado a la capital a hacer recados por obligación. Fue, en cierta manera, como cuando llegué de Gijón. Una ciudad monstruosa me esperaba, pero cada poco volvía para ver el mar de cerca y era como respirar de nuevo. Ahora pasa lo mismo, con la tranquilidad de que la próxima visita será dentro de un tiempo largo.