miércoles, 18 de julio de 2012

Delincuencia infantil


Mientras colocaba la compra en la cinta de la caja del súper, el niño de detrás se abalanzó sobre la barra de pan con intención de coger el letrero de “próximo cliente”. Le llamé la atención, porque estaba a punto de partirla en dos. Pero la criatura, a la que su madre debió mandar a los recados, no me hizo ningún caso.
Una vez tenía uno la compra en bolsas se dispuso a pagar marcando el número secreto de la tarjeta. El niño se colocó a mi lado a ver cómo marcaba los números con un bolígrafo digital.
-Qué, ¿quieres saber mi número secreto? –le dije.
Y la criatura nada, como si no hablara con él.
-¿Pasa algo con la máquina? –dijo la dependienta un poquito impaciente y un poquito estúpida.
-No –contesté- sólo que no me gusta poner el pin de la tarjeta con alguien mirando.
-Hombre es un niño, no creo que te robe el dinero…
Por un momento tuve sádicas tentacioes de clavarle el lápiz digital en el ojo a aquel Demian de supermercado, pero finalmente opté por salir con mis bolsas y mirándome la cartera. Ya se sabe, la delincuencia cada vez empieza antes.