jueves, 5 de julio de 2012

Mandíbulas


Cerca de las Ramblas me sorprendió una pequeña tienda. Estaba casi oculta, con un escaparate lleno de polvo y muy desordenado. Me acerqué porque me llamó la atención una maqueta de un edificio que ocupaba prácticamente todo el recibidor. Cuando me aproximé vi con asombro una cabeza de tiburón blanco a tamaño natural. 
No pude resistirme y entré. El dueño era un tipo muy simpático que me contó que se dedicaban a hacer maquetas por encargo para museos, exposiciones, arquitectos, etcétera. Además era fan de Star Wars y había hecho unos modelos realmente espectaculares que tenía repartidos por toda la tienda. Desde un uniforme de soldado imperial, hasta un Han Solo congelado en carbonita a tamaño natural.
La cabeza del tiburon pertencía a una exposición. Al parecer, habían hecho un tiburón completo de unos cinco metros. Cuando estuvo terminado, los clientes estimaron que la cabeza era demasiado agresiva. Era más parecida al cartel de la película de Spielberg que a un pacifico escualo amenazado de extinción. Así que, ningún problema, le cambiaron la cabeza a la figura y listo. Y ahí estaban las fauces abiertas enseñando los dientes.
Insistí para que me diera un precio de aquel tesoro, diciéndole que yo era coleccionista de todo tipo de objetos relacionados con la película y que aquella maqueta quedaría espectacular a la entrada del estudio. Pero no lo conseguí. Se ve que era ya como una mascota en la tienda. Sí que se ofreció a pasarme un presupuesto de cuánto costaría hacer una igual o más parecida, incluso, al cartel del film. Pero supuse que eso sería una cifra astronómica. Intercambiamos algunos mails en días posteriores, pero la cosa se quedó en nada. Eso sí, al día siguiente, fui a echar la primitiva, a ver si con los millones que me tocarán cualquier día de estos, me puedo permitir frivolidades de coleccionista como ésa…