lunes, 1 de octubre de 2012

Seis cuerdas

Desde la grabación no había vuelto a sacar la guitarra del estuche. Lejos han quedado los días en que dedicaba uno un par de horas cada día a ensayar. Nada en concreto, hacer sonar las seis cuerdas ya bastaba. Eran otros tiempos, cuando uno soñaba con públicos enfervorizados coreando sus canciones. Cómo cambian las cosas cuando se ven por dentro. Cuando se le ven las tripas al negocio hay que salir corriendo, de eso no hay duda. Es un monstruo hambriento que se devora a sí mismo. Dónde ha quedado la música, piensa uno entonces. Después me pongo el último disco de Dylan o el de los Munford & Sons, y recupero cierta esperanza de que no todo está acabado. Y es entonces cuando vuelvo a abrir el estuche y saco la vieja Martin a dar una vuelta.