lunes, 3 de diciembre de 2012

Amor canino

Al perro lo encontró la mujer en la calle, muerto de hambre, comido por las pulgas, helado de frío. Lo llevó a casa y lo cuidó. Enseguida se hizo uno más de la familia. Cuando nació la hija de la mujer, el perro sin nombre no se separaba de ellas dos. Un día la mujer tuvo que irse a trabajar fuera durante dos meses, dejando la niña al cuidado de los abuelos. El perro ya era viejo y estaba muy enfermo. La mujer pensaba que a su regreso ya habría muerto. Pero desde que ella se fue, el animal no se separó de la niña. La vigilaba, dormía a su lado y esperó y esperó hasta su vuelta. Cuando ésta regresó por fin, el perro murió en sus brazos dos días después, como si hubiera cumplido una misión, como si le debiera algo.

La mujer, ahora ya mayor, contaba esta historia por la radio la semana pasada y era imposible no emocionarse. Sobre todo si has tenido un perro en casa que parecía que iba a contestar cuando le hablabas. Hola Lolita, donde estés…