viernes, 13 de diciembre de 2013

Sueños y guitarras

Fue una noche de 1985, o tal vez del 86, ahora no recuerdo bien. El caso es que uno de los primeros conciertos a los que asistí fue en la plaza de toros de Oviedo. El artista era Ramoncín. El show demoledor. Tres horas de actuación. Yo no sabía que se podían hacer conciertos tan intensos, tan preparados, incluso había coreografías con los músicos.
Ramón presentaba entonces en disco "Como el fuego". Aún no había llegado el boom de "Como un susurro", que es el disco que vendría después. El caso es que en la plaza se respiraba, además de la intensidad de la música, cierto alo de peligrosidad que aún lo hacía todo mucho más atractivo. El cuero, las guitarras eléctricas, las letras de "Estamos desesperados", "Al límite", la sordidez que transpiraba la historia de "La chica de la puerta 16"...

Al día siguiente corrí a la tienda de discos y me hice con "Ramoncinco" y "Como el fuego", vinilos que aún conservo, por supuesto. En aquella época dibujaba cómics, y las canciones de Ramón fueron la banda sonoras de todas aquellas horas sentado en la mesa frente a un papel en blanco.

Pues bien, desde entonces ha llovido mucho. Él no es el mismo y yo tampoco. La gran diferencia es que ahora somos amigos. Será un capricho del azar o alguna oscura decisión del maligno, vaya usted a saber... El caso es que hoy, esta noche, me subiré al escenario de Luz de Gas a tocar la guitarra acústica en los temas que Ramón me permitió grabar en su último disco "Cuando el diablo canta", pese a que nunca me había visto tocar. Fue un voto de confianza que no olvidaré. Para mi, hoy es uno de esos días en que puedo recordar el motivo de haber cogido una guitarra hace años. ¡Gracias Ramón!