El otro día pensaba que debe ser cosa de la edad, ese disfrutar menos de las cosas de las que antes se disfrutaba.El viernes fuimos a ver a Depeche Mode. No es que no me gustara el concierto, que ni siquiera me quedé hasta el final, es que me agobia la gente que no puede estarse quieta un par de horitas viendo un evento por el que han pagado una pasta. No entiendo el estar saliendo y entrando todo el tiempo a por una cerveza, a por una hamburguesa hecha con vaya usted a saber qué, después al baño, después otra vez al sitio haciendo levantar a toda la fila... Serán cosas mías, puede ser. Será que voy a escuchar música y entiendo eso por prestar atención a lo que estoy viendo. Será que soy un quisquilloso impertinente.
Depeche Mode nunca han sido uno de mis grupos favoritos, pero me gusta ver cosas que a priori no son de mi interés. Con E. hemos visto ya casi todo lo que ha pasado por Barcelona estos últimos años y la sensación que me provoca es de cada vez más fatiga.
Después llega uno a casa con su programa de la gira, que siempre compro, y se da cuenta de la mezquindad de la chica que los vendía que me puso mala cara cuando le pedí una bolsa de plástico para guardarlo, como si fuera un gasto sin sentido, o peor, como si fuera cosa suya. Siempre hay un empleado responsable.
Luego está lo del cacheo en la entrada para que no pases la cámara de fotos, cuando hoy en día los móviles de última generación graban fotos y vídeos como la mejor cámara y esos no los pueden retirar. Cualquiera le toca el móvil a alguien. Entonces sí que llega la cosa al Supremo, como mínimo. Acaba uno sintiéndose un delincuente después de haber desembolsado una cantidad de dinero considerable por el ticket. Se mire por donde se mire, es un abuso.
Y ahora habrá quien dirá, pues para qué va éste a los conciertos. Pues efectivamente, eso es lo que me pregunto yo. Será porque la música es una de las cosas que han hecho que me mantenga despierto durante tantos años. Que cuando se apagan las luces del recinto y los músicos están a punto de salir al escenario sea uno de los momentos más excitantes que se puedan vivir o que toda esa liturgia del rock and roll me sedujo hace tantos años que no puedo dejar de sentirla como mía. Que se han perdido muchas de esas cosas y que todo es por el dinero, puede ser. Pero me gusta pensar que uno de estos días, en uno de esos conciertos, volveré a notar esa magia.



