lunes 23 de noviembre de 2009

¿Dónde está la magia?

El otro día pensaba que debe ser cosa de la edad, ese disfrutar menos de las cosas de las que antes se disfrutaba.
El viernes fuimos a ver a Depeche Mode. No es que no me gustara el concierto, que ni siquiera me quedé hasta el final, es que me agobia la gente que no puede estarse quieta un par de horitas viendo un evento por el que han pagado una pasta. No entiendo el estar saliendo y entrando todo el tiempo a por una cerveza, a por una hamburguesa hecha con vaya usted a saber qué, después al baño, después otra vez al sitio haciendo levantar a toda la fila... Serán cosas mías, puede ser. Será que voy a escuchar música y entiendo eso por prestar atención a lo que estoy viendo. Será que soy un quisquilloso impertinente.

Depeche Mode nunca han sido uno de mis grupos favoritos, pero me gusta ver cosas que a priori no son de mi interés. Con E. hemos visto ya casi todo lo que ha pasado por Barcelona estos últimos años y la sensación que me provoca es de cada vez más fatiga.
Después llega uno a casa con su programa de la gira, que siempre compro, y se da cuenta de la mezquindad de la chica que los vendía que me puso mala cara cuando le pedí una bolsa de plástico para guardarlo, como si fuera un gasto sin sentido, o peor, como si fuera cosa suya. Siempre hay un empleado responsable.
Luego está lo del cacheo en la entrada para que no pases la cámara de fotos, cuando hoy en día los móviles de última generación graban fotos y vídeos como la mejor cámara y esos no los pueden retirar. Cualquiera le toca el móvil a alguien. Entonces sí que llega la cosa al Supremo, como mínimo. Acaba uno sintiéndose un delincuente después de haber desembolsado una cantidad de dinero considerable por el ticket. Se mire por donde se mire, es un abuso.

Y ahora habrá quien dirá, pues para qué va éste a los conciertos. Pues efectivamente, eso es lo que me pregunto yo. Será porque la música es una de las cosas que han hecho que me mantenga despierto durante tantos años. Que cuando se apagan las luces del recinto y los músicos están a punto de salir al escenario sea uno de los momentos más excitantes que se puedan vivir o que toda esa liturgia del rock and roll me sedujo hace tantos años que no puedo dejar de sentirla como mía. Que se han perdido muchas de esas cosas y que todo es por el dinero, puede ser. Pero me gusta pensar que uno de estos días, en uno de esos conciertos, volveré a notar esa magia.

domingo 22 de noviembre de 2009

Joe Satriani



…pero me siguió gustando Satriani, por supuesto.

sábado 21 de noviembre de 2009

Adrian Legg



Impresionante Adran Legg. Desde que lo vi de telonero de Jos Satriani en su primera visita a España me hice fan incondicional. Recuerdo además que me gustó él mucho más que el propio protagonista de aquella noche.

viernes 20 de noviembre de 2009

Basado en hechos reales

Causa cierta melancolía ver vídeos antiguos. Esos vídeos en los que salen los padres, los hermanos o los tíos. Más cuando algunos ya no están entre nosotros.
Parece que ese pasado sea más pasado todavía. Lo que fue una gracia en el momento de la grabación se convierte en un fenómeno extraño. Como si fueran unos desconocidos los protagonistas que vivieron hace mucho, mucho tiempo y nada tengan que ver con nosotros.

Veíamos en casa la otra noche un vídeo grabado en Super 8 de la familia de M. Y era curiosísimo ver esas imágenes descoloridas por el paso del tiempo, donde la ciudad estaba en construcción y las costumbres, la ropa, los peinados parecían salidos de un episodio de “Cuéntame”.

Después me acordé de algunos vídeos que hice cuando tuve la cámara. Vídeos en los que sale L. corriendo de un lado para otro, mis padres e incluso mis abuelos. Son esas imágenes que no sé si me gustaría ver cuando ellos no estén, porque son tan reales hoy que nunca podrán formar parte de otra película que no sea la que respira cada día desde un teléfono, desde una visita por sorpresa a su casa.
Basado en hechos reales, así podrían titularse estos pequeños fragmentos, para que cuando alguien los vea pueda decir “como la vida misma”.

jueves 19 de noviembre de 2009

A punto de no contar nada

A punto estuve hoy de no poner nada en la web. No por falta de tiempo, ni de ideas. Fue una cosa extraña, un como ir dejándolo para luego que se fue demorando en el reloj hasta que me di cuenta que se estaba acabando el día.
Así que todo aquello que había pensado para escribir hoy, que ya no sé que era, se ha quedado en el tintero para después, cuando me siente tranquilamente delante del ordenador o de la libreta a ver qué demonios era aquello que quería contar y no conté.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Rafa Batlle

(El single de Desalmados, Rafa con chaqueta blanca es el segundo por la izquierda.)

Nunca suelo poner aquí nombres de la gente de la que hablo. No por hacerme el interesante, sino porque simplemente, ellos no tienen la culpa de que a uno le de por contar su vida en estos apuntes apresurados del día a día. No cito nombres y mucho menos apellidos, pero hoy es una excepción.
Rafa Batlle fue durante muchos años el bajista de Por narices, grupo con el que yo compartí muchas cosas y de los que aprendí mucho de lo que es la música y la carretera. Muchos conciertos, un disco y, sobre todo, mucha calidad humana.

Rafa se nos fue el otro día, así, de repente, sin avisar y sin decir nada. Así de discreto era.
Fuimos a darle el último adiós al sábado. Y allí estaba, igual que siempre. Y es bueno recordarlo así, como en esa foto de la portada de su banda de hace años, Desalmados, porque a la gente hay que recordarla como si siguieran estando porque viven en nuestra memoria.
Y en mi memoria Rafa está siempre con sus pantalones de cuero y esa pose tan típica de los bajistas, siempre quietos, aportando el peso al conjunto pero sin sobresalir. Y si hay algo que siempre me llamó la atención eran sus manos. Unas manos grandes con dedos enormes y gruesos. Y el sábado, en aquella urna de cristal, volví a ver aquellos dedos, entrelazados y quietos, como esperando.

El beso enorme, que es lo único que se me ocurre es muy poca cosa. Lo único que puedo decir a Cati, su chica, a su madre, a su padre, a sus hermanas y a sus dos niños, no sé si futuros músicos, pero seguro que grandes personas. Los genes que circulan ya por sus venas bombean con el corazón enorme de Rafa, que no se ha detenido porque vive en ellos.
¡Stairway to heaven, amigo mío, allí nos veremos!

martes 17 de noviembre de 2009

Aire puro (y 5)

A la mañana siguiente M se va temprano con los más madrugadores, los que han decidido hacer una excursión no apta para principiantes. M es una atleta. La expedición, para mí excesiva, hace que prefiera quedarme en casa a dibujar, escribir, dar un paseo o, simplemente, mirar como pasan las nubes.

E. se nos accidenta en un peligroso resbalón que afortunadamente queda en un susto. I. le da de comer a S. antes de que decidamos dar un paseo por los alrededores. Una salida más acorde con mis posibilidades físicas que la escalada a los riscos de los muchachos.
Recibimos la llamada de R. que anda por Zaragoza. Decide tomar la carretera por asalto y venir a comer. No importa los kilómetros, la distancia, cuando el corazón llena el depósito del coche. La esperamos caminando hacia un bosque donde nos cruzamos con varios grupos de personas a caballo. Es éste, no nos engañemos, un deporte un tanto “o sea”. Lo certifica una mujer que pasa a nuestro lado, equipada para una competición hípica, sobre el potranco y hablando por el móvil. Da la anécdota para un chiste de aquellos de “¿cuál es el colmo del pijerío?”.

De en medio de la nada surge un bar muy bien puesto donde se toman un refrigerio varios caballistas y nosotros desentonamos un poco. A la vuelta, siempre del brazo de C. nos encontramos todos. Los excursionistas cansados, los hambrientos paseantes y R. que aparece con cara de velocidad y con la sonrisa del encuentro dibujada en el alma.
Ha reservado E mesa en un restaurante típico de la zona en el que sirven pocas cosas pero muy buenas y donde nos vamos despidiendo a medida que sirven los postres. Andan ya los comensales de alrededor cansados del fin de semana, hartos de los niños probablemente. Sobre todo un par de parejas que observo desde donde estoy.

Nos despedimos después. Q. prepara la furgoneta, nos abrazamos con esa emoción mía de haber encontrado la integridad hecha persona. El camino de vuelta es reconfortante. Nos llevamos una sonrisa en la boca de oreja a oreja y el calor humano que contrastaba con el frío de las noches.

lunes 16 de noviembre de 2009

Aire puro (4)

Por la noche antes de dormir salimos M y yo a ver las estrellas. Hay un cielo inmenso, iluminado por una luna que parece de mentira. Una de esas noches que se han hecho para que se pidan deseos. Así que cada uno hace sus peticiones sabiendo que, se cumplan o no se cumplan, por lo menos están.

Dormimos en la parte de arriba de la casa. Nos hemos distribuido ocupando todas las habitaciones. Es ésta una casa estrecha y alta, típica de la zona, con muchas escaleras y hecha de madera. Parece una construcción suiza de techado triangular con salida a un jardín con piscina –ahora tapada- donde al día siguiente jugarán algunos niños y un vecino tocará la guitarra.
Me estiro en la cama y, justo encima, una ventana me hace ver las estrellas. Me resisto a bajar la cortina pese al riesgo de que al día siguiente me despierte el sol. Aunque, todo sea dicho, en cuanto me quite las gafas, dará lo mismo que las estrellas me guiñen el ojo con su paso fugaz.

Hace años también estuvimos de excursión en una casa parecida a ésta. Le dejamos una habitación a X, que no estaba convencido de que lo del campo fuera una buena cosa. Por la noche empezamos a oír ruidos, golpes y gritos. Mis padres y yo, que entonces era pequeño, corrimos en auxilio de X por si le hubiera ocurrido alguna desgracia. Lo encontramos subido a una mesa, aterrorizado por una mariposa nocturna que se le había posado en la cara en la antesala del sueño. Preso de un terror indescriptible, huía por la habitación del insecto, que ya se encontraba agónico en un rincón esperando la parca sin más. Al día siguiente hizo la maleta y se fue antes de tiempo quejándose de que el campo estaba lleno de bichos y de otras cosas infernales a las que se negaba a enfrentarse.
Siempre piensa uno en esta historia cuando duerme en casa ajena. En los misterios que viven el exterior. Después me duermo con el corazón de M palpitando al ritmo de las estrellas.

domingo 15 de noviembre de 2009

Jackson Browne “These Days”



No sólo cante de maravilla. Es, además un guitarrista sobresaliente.

sábado 14 de noviembre de 2009

Jackson Browne



El otro día me encontré a este hombre por la calle y no supe qué decirle. Fue como ver una aparición. Tiene piso en Barcelona desde hace años, pero una cosa es saberlo y otra encontrármelo de frente. La próxima le daré uno de mis discos... no sé, me hace ilusión.